La minería argentina, uno de los sectores prioritarios para el gobierno de Javier Milei, no avanza de manera uniforme. Cada segmento presenta distintos ritmos, lógicas de inversión y conflictos pendientes por resolver.
El cobre, con proyectos que en conjunto superan los 30.000 millones de dólares, enfrenta un cuello de botella energético que podría condicionar su desarrollo. En paralelo, el oro muestra un panorama dividido entre proyectos en expansión y operaciones que solo sobreviven gracias a los altos precios internacionales. Mientras tanto, la plata continúa afectada por las retenciones impositivas. Por su parte, el litio, que está en plena expansión con inversiones por 9.000 millones de dólares, también paga retenciones que contrarían la lógica de incentivos que busca consolidar el Régimen de Incentivos a la Industria del Gas y la Minería (RIGI).
**Energía, el principal obstáculo para el cobre**
La infraestructura energética es una condición crítica para el desarrollo a gran escala del cobre en Argentina, y representa uno de los cuellos de botella más concretos del sector. El caso más ilustrativo es la línea de alta tensión de 500 kV en San Juan y la tensión generada por la concesión de prioridad de uso al proyecto cuprífero Vicuña, de las multinacionales BHP y Lundin, que para su primera etapa comprometió una inversión de 9.700 millones de dólares bajo el régimen RIGI.
Esta decisión provocó una fuerte oposición encabezada por McEwen Cooper, que desarrolla el proyecto Los Azules, también beneficiado por un RIGI aprobado por 2.700 millones de dólares. La disputa quedó evidenciada en una audiencia pública y la resolución por parte del Ente Nacional Regulador de la Electricidad (ENRE) está prevista para los primeros días de julio. La controversia podría impactar directamente en la viabilidad financiera de ambos proyectos.
**Oro y plata: un futuro incierto sin nuevos proyectos**
El panorama del oro y la plata es heterogéneo y fragmentado. Por un lado, las dos minas más grandes del país, Cerro Negro (Newmont) en Santa Cruz, que invertirá 800 millones de dólares para extender su vida útil hasta al menos 2035, y Veladero (Barrick y la china Shandong Gold) en San Juan, con un RIGI aprobado por 380 millones de dólares para su ampliación, apuntan a la expansión. Además, Gualcamayo, del grupo AISA, cuenta con un RIGI destinado a desarrollar la nueva mina Carbonatos Profundos en San Juan, por 665 millones de dólares.
Sin embargo, numerosas operaciones más pequeñas y en etapas avanzadas de producción enfrentan dificultades para expandirse o realizar nuevas inversiones. Su continuidad depende casi exclusivamente del nivel histórico alto actual del precio internacional del oro; una caída abrupta podría hacer inviable su producción. Este escenario refleja una problemática estructural: el oro y la plata operan sobre minas maduras, sin una nueva generación de proyectos en el corto o mediano plazo, salvo el proyecto Diablillos, de la canadiense AbraSilver en Salta, que es la única iniciativa aurífera con perspectivas reales de incorporación productiva.
Esta ausencia de relevo impacta geográficamente en Santa Cruz, que hoy lidera la producción de minerales metalíferos con siete minas activas, pero carece de proyectos que sostengan ese liderazgo cuando dichas minas agoten su vida útil.
A este panorama se suma una dificultad particular para la plata: las retenciones. Este mineral abona un derecho de exportación del 4,5%, un gravamen que el sector no considera justificable, especialmente en un contexto de cierres de mina inminentes.
**Litio: crecimiento dinámico y reclamo por las retenciones**
El litio es el segmento más dinámico actualmente. Las obras avanzan, el financiamiento está concretado y los proyectos incrementan sustancialmente la capacidad instalada.
El proyecto Rincón, de Rio Tinto en Salta, avanza con una inversión estimada en 2.700 millones de dólares, de los cuales 1.175 millones son financiados por organismos multilaterales como el Consejo de Finanzas Internacionales (CFI), BID Invest, Export Finance Australia y la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JBIC). El nivel de interés de estos organismos en proyectos argentinos es inédito en tiempos recientes.
A Rincón se suman activos en operación y expansión, con una inversión aproximada de 2.800 millones de dólares: Olaroz (Exar) en Jujuy, y Fénix (Rio Tinto), Sal de Oro (Posco) y Hombre Muerto Oeste (Galan) en Catamarca. No obstante, el litio comparte con la plata la exigencia del sector para eliminar las retenciones del 4,5% a la exportación.
El reclamo de eliminar este gravamen es una postura extendida dentro de la industria, argumentando que, si el objetivo es maximizar la captación de inversión en un mineral estratégico para la transición energética global, estas retenciones resultan contraproducentes, especialmente tras la caída abrupta del precio en 2023, que pasó de 80.000 a 10.000 dólares por tonelada.
Las oportunidades en el sector minero argentino son palpables, pero los obstáculos varían según el mineral, la etapa del proyecto y la localización. Las decisiones políticas relacionadas con la infraestructura energética, las retenciones y la regulación tienen efectos diferenciados dependiendo del segmento y proyecto implicados.
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